donjoaco

Fue lo único que se me ocurrió decir al momento de confirmar la noticia del fallecimiento de Joaquín Marino López.

En mi niñez fui su oyente, en mi juventud su subalterno, en mi adultez su compañero y por último su jefe (increíble). Confieso que en cada una de todas esas etapas, siempre estuve aprendiendo del más grande de todos.

“Don Joaco”, como siempre lo llamaron sus contemporáneos, porque los demás tardamos mucho tiempo para asumir esa postura de igualados; fue una verdadera figura de la radiodifusión colombiana. Un ejemplo, un espejo, que no siguieron muchos, más por incapacidad, que por desacuerdo.

Poseedor de una formidable voz que le permitió ser: narrador deportivo, comentarista, presentador y animador de grandes espectáculos musicales, de belleza, humor y entretenimiento. Lector de noticias, maestro de ceremonias, locutor, periodista y voz comercial, sin desentonar en ninguna de esas facetas.

Joaquín Marino López, brilló cuando el periodismo y la radio eran excluyentes, debido a la exigencia de una tarjeta profesional de periodista y una licencia de locutor. La primera expedida por el Ministerio de Educación y la segunda por el Ministerio de Comunicaciones, a quienes llenaban requisitos de cultura general, vocalización, manejo correcto del idioma, redacción, lectura y ortografía, entre otros.

Perteneció a una época donde se criticaba, no se insultaba. Se informaba, no se calumniaba. Se hablaba, no se rebuznaba. Época donde los profesionales de los medios de comunicación, eran bien remunerados dada su excelsa calidad.

Los gagos, vulgares, patanes intrigantes e ignorantes, estaban para cuidar los autos de esas figuras, a diferencia de hoy que, por tener dinero para pagar espacios radiales, le abren micrófono a cualquiera, que se llena la boca diciendo: SOY PERIODISTA.

No olvidaré su frase lapidaria, cuando algún día me vio acongojado por algo que no vale la pena citar: “Tocayo, la pelea con los mediocres siempre la perderemos, pues son mayoría”.

Paz en la tumba del maestro, el amigo, el colega, el profesional. ¡EL MEJOR!

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